Cómo conseguí ser profesor de escritura creativa | David Orell

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Todo empezó a principios de octubre, justo después de publicar los 10 errores que debí evitar al abrir el blog. Andaba buscando un taller de escritura creativa presencial, barato, en todo caso, con la intención de compartir con nuevos compañeros el arte de la escritura. El tema es que descubrí que no había nada que hacer, ni una mísera intención, ni el rastro de un cursillo abandonado allá por el año dos mil. Sí, ya sé que en Internet hay mil cosas a las que acceder sin tener que levantar el culo del asiento, pero yo no quería eso, quería compartir mano a mano y hablar con otras personas sobre ideas, avances, y/o trucos de escritura. Y estaba viendo que si quería hacer algo no me quedaba más remedio que subirme al 197.

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10 errores que debí evitar al abrir el blog | David Orell

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A mi YO de 2011

—¡David, ven aquí! Ven, no tengas miedo, ¡no te voy a comer! —David mira a su alrededor y, sabiendo que soy yo quien le habla, se señala a sí mismo para confirmar que no se lo estoy diciendo a otro. ¡Qué capullo es, estamos solos! —Sí, acércate —le digo— y siéntate aquí.

Doy unas palmaditas al sofá y miro con ternura a ese bobo que con 29 años está pensando en abrir un blog. Me da lástima. Conozco lo que le espera.

¿Qué pasa? —pregunta mi yo del pasado a media voz. ¡Todavía no tenía canas en la barba! Tampoco tenía barba, solo una perilla a lo George Michael que no le quedaba bien.

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¿Dejas reposar tu novela? | David Orell

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¿Recuerdas todas esas veces que has dicho que la comida sabía mejor al día siguiente? ¿No crees que el efecto es el mismo cuando dejas reposar un texto durante un par de semanas o el tiempo que sea necesario?

Después de un trabajo intenso, en el que has sacrificado horas de sueño por cumplir tu meta, llega el momento de descansar. Sin embargo, queda mucho por hacer. La producción ya está hecha, ahora es cuestión de pulir, ya sabes de lo que hablo. Sí, hay un PERO, no estás relajado para enfrentarte a las revisiones y miles de cambios. Conviene dejar reposar el texto, que se enfríe, o como quieras llamarlo.

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