La extraña y longeva vida de un Casio

Esta mañana la rotación del planeta se ha detenido al mismo tiempo que me he quedado petrificado (“muerto” como diría alguien que yo me sé) cuando estaba chafardeando por casa, y cual parodia masculina de Karina buscando en el baúl de los recuerdos (en realidad sacaba trastos de una caja de cartón mohoso y verdecito) me he encontrado con lo que queda de un reloj – prehistórico – digital Casio (de toda la vida) pero sin pulsera y ¡¡¡Funcionando!!!
La santa madre del cordero, pensé al instante y con una sonrisa que reflejaba mi viaje a las edades pajilleras, llegué al momento exacto del día que mi madre me lo compró… 
Era una cálida mañana de primavera cuando mi querida mader me dijo de salir a comprarme el relojito digital que yo tanto ansiaba por tener (a esa edad si no tienes lo que todos no eres popular) y fuimos a una tienda que ahora sé que están cerrando por jubilación.
Como decía, por aquellas fechas, yo no podía seguir llevando un reloj de agujas de cuando la Comunión (tiempos antaños aquellos)  porque no molaba. De hecho, jamás había llevado reloj pero por un Casio, podía ponérmelo a todas horas. 
Sí, queridos amigos, yo también he llevado un Casio tanto tiempo que el sudor formaba una capa de mierdecilla (roña o mugre como sinónimos menos soeces) entre la tapa metálica y mi propia piel a punto de crearse una úlcera por presión. Hoy en día lo pienso y me río, pero quien no recuerda aquella peste característica que producía dicha capa de roña?? y cuando me iba a duchar, olía el reloj para luego poner aquella cara de asco, como los gatos…
Bueno, no sé cuanto tiempo me duró ese relojito en la muñeca, supongo que no mucho porque como también tenía una lucecita verde para iluminar la pantalla, lo acabé jodiendo de tanto pulsar y pulsar… Lo que más molaba del Casio era su linterna ¡Qué patético pero era así!
Y el fatídico día llegó cuando la goma de la pulsera se rajó y ya jamás volvió a ser lo mismo. Se intentó arreglar de mil formas pero mi relojito, sufrió una mutilación irreversible y pasó a ser un Casio de bolsillo, pero como ya dije antes, a esas edades todo supone un cambio contínuo y se convirtió en un cronómetro que usé por un tiempo para calcular mis poluciones nocturnas… 
Un tiempo después me olvidé de los cronómetros, las linternas y de relojes de pulsera pero éste lo guardé en una caja donde se guardan los objetos que no se tiran por cariño y con mucho cariño, casi 20 años depués, me lo vuelvo a encontrar en la caja de los recuerdos, encendido, marcando la hora de Canarias y el cronómetro también funciona como siempre pero el maldito botón de la linterna sigue en sus trece, atascado como él sólo.
En fín… jamás volví a usar un reloj porque luego aparecieron los móviles que también indican la hora y hoy en día se pueden hacer videoconferencias pero eso ya será en otro capítulo.
¡¡¡Feliz fin de semana!!!
Nota del Autor: algún día mostraré la foto de mi reloj mutilado, pero el de la foto es similar.
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11 comentarios en “La extraña y longeva vida de un Casio

  1. Ay, qué bonitos recuerdos XDDD. Yo no conservo mi reloj Casio, no sé dónde iría a parar en alguna mudanza aunque apuesto cualquier cosa a que seguía funcionando a la perfección… pero sí que tengo entesorado mi órgano Casio ^_^. Seguro que tuvísteis uno, también fue imprescindible en determinada época… aunque la mayoría no supiéramos tocar más allá de “Noche de paz” o las primeras notas del “Para Elisa” de Beethoven 😛

    Gracias por el post nostálgico 😉 un beso!

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