¿Cómo sobrevive un escritor en verano? | David Orell

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Todo lo que sea posible escribir acabado en uky como ir de cenuky, de playuky y de fiestuky con los amigos, se convierte de forma automática en un motivo para publicar en Instagram, Facebook y Snapchat (que yo no uso) para goce y disfrute del que se queda en casa durante las vacaciones. ¿Goce y disfrute? Sí, ¿por qué no? Hay quienes se lo toman mal, pero también los hay quienes se alegran, como hago yo. No me quejo, también tengo mis escapadas, y en mi cuenta de Instagram lo podéis comprobar. Sin embargo, ahora que estamos en el mes de agosto —quedan menos de cincuenta días para que llegue otoño, subrayo eso— los escritores, o los que nos dedicamos a esto, queremos aprovechar esta temporada para teclear a gusto, o intentarlo por lo menos.

Odio el calor. Este es mi segundo verano en Madrid —ojito al dato—. Antes vivía en Mallorca y, bueno, parece ser que por aquel entonces, mis amigos peninsulares intensificaban sus muestras de cariño cuando les enviaba selfies desde la playuky, tomándome una birruky, etcétera, etcéteruky. Y como el karma es rencoroso, te obliga a pagar lo que una vez usaste; ahora me veo en la aventura de sobrevivir al verano como escritor.

No es fácil, para no variar. Por mi parte, he probado encendiendo el aire acondicionado y ajustando la temperatura ideal, aunque yo preferiría bajar unos grados más y ponerme una rebequita, pero no es cómodo. ¿Música? Con según cual me dan ganas de abrir la nevera y sacar una lata de cerveza. Huir de Spotify —a menos que seas Premium— debería ser uno de los diez mandamientos. Quedarme a oscuras es mejor que quedarme bajo el sol y arder hasta desintegrarme en millones de virutas de carbón. Al final, el mejor aliado es el ventilador y el ruido blanco. Advertencia sobre el ruido blanco: en periodos prolongados terminas frente al televisor con ambas manos sobre la pantalla.

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Sigo buscando la fórmula mágica para escribir en esta época del año, pero no hay manera de ser más productivo. Los mosquitos, las olas de calor, los ruidos de los vecinos que entran por la ventana abierta, no ayudan en absoluto. Bueno, sí, a ponerme de los nervios y despertar al psicópata que llevo dentro. Emborracharme o fumar no es una opción, repito, no lo es para mí. Así que no hay trucos infalibles.

A veces me veo como Ben-Hur, en medio de una acalorada cruzada, dando latigazos a diestro y siniestro con tal de conseguir escribir un párrafo. Altas temperaturas que provocan sudor en las manos, frente, y demás recovecos de la anatomía humana. Añadir las llamadas telefónicas, mensajes, el cartero que viene a traerme algo, cuando no son otros motivos laborales y demás historias.

Entonces, ¿cuál es mi secreto? Paciencia, y ya está. A menudo me encuentro en situaciones en la que bien podría ladrar y enseñar los dientes. Jack Nicholson interpretaba muy bien ese momento en Mejor imposible, cuando lo interrumpen mientras trabajaba en una escena de amor de su novela. La paciencia es, en lo que a mí respecta, la piedra filosofal. Si en ese rato libre que dispongo no puedo hacer nada, no me queda otro remedio que suspirar e intentar relajarme. Será que no es mi momentuky.

Hoy preparo el salón con aire acondicionado, cervezas, té helado, panchitos y sándwiches de todo tipo para los amigos que, a continuación, vienen a contar qué hacen y/o recomiendan para sobrevivir al verano. Ellos son: David Generoso, MJ, Adella Brac y Eva Tejedor. ¡Empezamos!

David Generoso @David_Generoso_

davidgeneroso

El verano está para darle una patada en el trasero a la rutina y arrastrarla de las orejas hasta el cuarto oscuro. Recordad echar el cierre para que no salga de allí en un mes.

Aprovechando su ausencia, unos se sumergen en el mar con un traje de neopreno y unas gafas a asustar a los peces. Otros prefieren tumbarse en la playa e ir tostándose vuelta y vuelta. Los hay que viajan a países lejanos o a Teruel mismo, a conocer paisajes y culturas diferentes. Y los que se amodorran en el sofá durante días y de vez en cuando se asoman por el frigorífico a picar algo.

Hay personas que van botando de festival en festival de música, porque la necesitan para vivir. Otras se meten entre pecho y espalda una docena de libros en una semana mientras sus hijos se arrugan en la piscina.

Y luego están los que amamos escribir, que vivimos todas esas experiencias y algunas más desde el billete de avión que es nuestra hoja de papel. Aunque a veces me gustaría bailar un rock&roll en traje de neopreno sobre las montañas del Kilimanjaro mientras me tomo una cerveza y unos panchitos, me tengo que conformar con imaginarlo. Que no es poco. Feliz verano.

Simplemente MJ @simplemente_MJ

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Ser escritor pobre es muy duro. Sobre todo, cuando llega el verano y no tienes aire acondicionado en casa. Entonces se suma el Síndrome del impostor al calor extremo. Y las ganas de escribir se convierten en un lejano recuerdo.

Si a eso se suma que eres una persona “atérmica”, término acuñado por mí para describir a las personas que no regulan la temperatura, todo se hace mucho más complicado.

Mis trucos para seguir escribiendo son muy básicos, pero no por ello menos eficaces.

Levantarme pronto y buscar la habitación más fresca de la casa. No importa si es el baño o la cocina. Puedes hacer un pequeño templo de escritura mientras miras los imanes de la nevera.
Evitar escribir en las horas de más calor. En éstas tan sólo intento sobrevivir y mantenerme lo más quieta posible para generar la mínima energía cinética.
Cuando llega la noche estás reventado. No has hecho nada, pero el calor te ha frito las neuronas. No es un buen momento para escribir, pero si lo es para apuntar ideas o notas en algún cuaderno de los cientos que tienes dando vueltas por todas las habitaciones.
Sí sales de vacaciones fuera de casa, afortunado escritor ya no tan pobre, asegúrate de llevar un cuaderno en el que puedas escribir notas, pasajes, estructuras de tu novela.
Y por último sueña despierto. Anota los lugares que visitas, seguro que serán un buen ambiente para uno de los capítulos de tu novela. O ese tío tan borde que se ha hecho dueño de media playa con su sombrilla y mil hamacas… ¡Sería un villano perfecto!
Para mí el verano es una época para sobrevivir… sólo deseo que llegue el invierno para cubrirme bajo mil mantas (recuerda que soy “atérmica”) con mi taza de té calentita y olvidarme del frío escribiendo ^_^

Adella Brac @adellabrac

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Yo no creo que haga nada diferente en verano. Supongo que el vivir en el norte, y no tener temperaturas cercanas al interior de un volcán, ayuda.

Para mí, ser constante con la escritura es una lucha diaria que poco entiende de estaciones.

Uno de mis trucos es tener un calendario en un lugar bien visible desde mi escritorio, en el que voy marcando con una cruz los días que he cumplido con mi objetivo. Así, de un vistazo rápido puedo ver lo mal o bien que me estoy portando.

Y hablando de objetivos, proponerme una cantidad de palabras diarias me sirve para visualizar la meta. Lo que hago es fijar una fecha en la que quiero tener terminada la novela en la que estoy trabajando y una cantidad de palabras a las que quiero llegar. Me suelo plantear de partida 70.000. Divido esa cifra entre los días que tengo y así sé lo que debo escribir cada día para lograr el objetivo.

Y luego lo incumplo sistemáticamente, pero eso no viene al caso.

Intento escribir a primera hora de la mañana, porque si no lo hago así, si doy por hecho que tendré tiempo en algún momento del día, la vida me atropella. Las horas pasan sin que apenas me dé cuenta y llego a la noche sin energía para nada más que caer rendida en la cama.

¿No tienes tú también la sensación de que no te alcanza el tiempo para nada?

Consejos hay mil, se trata de encontrar la estrategia que a ti te funcione. Al final todo se reduce a eso, tener un sistema propio que puedas mantener contra viento y marea.

Y si las fuerzas fallan, bajar el ritmo. Pero nunca parar, porque si te paras, retrocedes.

Eva Tejedor @writterworking

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El resto no tengo idea. Aquí, con temperaturas entre los 30 y los 38 grados y humedad de hasta el 70%, pues… regular XD

Bromas aparte… el año pasado lo llevé mejor porque estaba ocupada con la participación del concurso de Amazon. Si, se me ocurrió presentarme.

Y si, sabía que no iba a servir de mucho. Pero esperaba que al menos ganara algo de visibilidad. Una chispita, la verdad.

Este año no tenía con que presentarme (tonta de mí, publiqué El Guardián en enero… si es que…) así que descartado el concurso.

¿Y qué hago con este exceso de tiempo libre?

Planear.

Más que planear, intrigar.

Como si fuera un personaje de los malos de una historia XD

Intrigar para mejorar el tráfico del blog.

Calcular que es lo que funciona y falla en mi marketing.

Leer y estudiar todo lo que cae en mis manos para mejorar tanto en escritura como en promoción y venta. (He perdido la cuenta de ebooks del tema que llevo leídos solo este año, en serio)

Y preparar tácticas para solucionar todo, cosa nada fácil porque la mitad del tiempo no averiguo que leñes es lo que falla XD

Todo esto mientras intentas sacar tiempo e inspiración (si es que te queda algo de cerebro con todo ese lio de antes) para seguir escribiendo. Tengo un borrador en fase escritura y dos ideas que aún no han llegado ni ahí.

¡Pobrecitas, que quieren salir y no pueden!

Las ideas, digo.

A la vez, compagina todo lo anterior con tu trabajo habitual (vamos, el que paga las facturas), la familia, el perro y el fastidioso calor de Málaga en verano.

Pero ya tengo los post del mes de agosto preparados (más o menos) y un reto de escritura para septiembre. Eso siempre me ayuda a escribir los borradores y para el Nanowrimo queda mucho todavía.

No sé cómo hace el resto para sobrevivir al verano, pero a mí este me está matando XD

Infografía-escritor-verano.png

 

¡Besos y abrazos!

 

 

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11 comentarios en “¿Cómo sobrevive un escritor en verano? | David Orell

  1. Los que, como Serrat, nacimos en el Mediterráneo no aguantamos bien los calores de la meseta, amic. Estos días que estuve por allí, estuve al borde de sufrir un par de combustiones espontáneas; sí, por aquí hay mucha humedad y parece el trópico, pero ese sol que hace por ahí no puede ser bueno… Para nada. Además… ¿tú sabes lo lejos que está el mar de Madrid? Cuando voy por ahí me entra el agobio solo de pensar lo lejos que lo tengo.
    En otro orden de cosas, el verano para el escritor como nosotros —los que no soportamos el calor— es como el calvario; así de claro, el verano es nuestra Pasión. No tenemos a Pilatos lavándose las manos, pero en el momento en que más sudado estés, más agobiado te encuentres y más harto del calor te halles, siempre te saldrá el traidor gilipollas de turno que te dirá: ¡Pues a mí me gusta el verano!
    A mí en verano, con el calor, me cuesta mucho concentrarme y, aunque nunca dejo de escribir del todo, sí que me noto muy aletargado. Suelo tener la cabeza a otras cosas. Como ya sabes cierro el blog durante los calores esto y, una semana o dos —las que me deje mi trabajo de Clark Kent—, me voy de viaje y me olvido de todo. Desconectar es necesario, al cabo del año arrastramos mucha mierda y es de recibo que nos tomemos un respiro y reseteemos.
    Eso sí, nunca apagas del todo. Cuando te vas por ahí, siempre hay que tener el Evernote preparado para anotar ideas que surjan. De hecho, yo este último viaje, escribí algún capítulo en el Evernote.
    Genial la entrada y la infografía un puntazo 😀
    Un abrazo!

    Le gusta a 2 personas

    1. ¡Hola! Que yo también nací en el Mediterráneo, soy mallorquín XD Conozco el calor y la humedad; ahora conozco las hostilidades de la península 😛 Y también que el mar queda lejos donde quiera que mire jejeje
      Seguí tus andanzas por Toledo

      En cuanto a lo de concentrarse a escribir me ocurre lo mismo, me siento un poco atontado y solo consigo escribir durante los ratitos que el cuerpo o el calor lo permite. No apago del todo, soy como la luz de la TV ejjejejje

      ¡Muchas gracias por la visita!
      Un abrazote

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  2. Ese bendito calor que añoramos en lo más frío del invierno, es tambien una maldición cuando ves los termómetros rozan los cincuenta grados.

    En mi caso, agua fresca, aire acondiconado y sobre todo programar las horas ‘creativas’ al comienzo de la mañana o a última hora de la tarde. Por mucho que tenga puesto el aire, no soy capaz de inventar a las 5 de la tarde, sin embargo, las siete ya me parece una hora mucho más agradable. Igualmente, esas horas más calurosas las puedo aprovechar para editar, buscar imágenes para el blog, leer contenido de otros bloggers o programar las redes sociales.

    Un saludo 😀

    Le gusta a 1 persona

    1. Cuando los 50 grados se asoman, tienes la sensación de que vas a pulverizarte y convertirte en una montaña de ceniza. ¡Es horrible!
      Me gusta esa idea, si no puedes escribir, trata de programar y preparar entradas o buscar información 😛
      A veces es difícil ser productivo 😛

      Gracias por la visita Mmar
      ¡Besote!

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  3. El artículo es chulísimo y la infografía “bonitísima”. Muchas gracias por dejarme participar en el mismo. Ha sido mi primera colaboración con un escritor y me ha subido mucho el ego (luego otras cosas se encargan de bajármelo).
    Como ya he dicho: odio el verano, deseando que se acabe para no volver nunca más (cosa imposible… ummmmmmmmmmmmh… ¿esto sería un gran tema para un libro?)

    Le gusta a 1 persona

  4. Es un honor para mí haber podido contar con tu participación, ¡espero que vengas más!
    Yo también odio el verano, anota en mi lista de la compra una piscina de plástico para cuando nos volvamos a reunir todos 😀
    Veo un tema bonitísimo para un libro, ¡no pierdas la idea!
    ¡Besazo!

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